Lo que se conoce en los mundos en evolución como “muerte” no significa necesariamente deterioro físico, envejecimiento celular o pérdida de funcionalidad, ya que en muchas humanidades no se producen ninguno de estos síntomas, pues en realidad, se encuentran relacionados íntimamente con el grado de desarrollo alcanzado, fundamentalmente por su antigüedad o progresión, y aún así, estas mismas humanidades avanzadas deben someterse a estas mismas leyes universales del cambio, de la transformación cualitativa, de la sublimación material y espiritual; es decir, todo lo que existe, “está” por siempre y para siempre, pero no bajo la misma forma, bajo los mismos parámetros.
Aún en las humanidades más evolucionadas, el proceso denominado “muerte” es considerado catarsis necesaria para la depuración individual y el nacimiento a una nueva etapa de mayor perfección, en la cual el poder continuar el programa trazado individualmente desde las áreas interdimensionales. En este sentido, se puede afirmar que la desaparición en un determinado plano implica ineludiblemente la aparición esencial en otro y así sucesivamente.
Para entender mejor este proceso “vida-muerte” debemos asumir que la vibración es energía y que no desaparece jamás, únicamente se transforma y multiplica de forma creciente, constante, imparable, en un proceso de creación continua, en todas direcciones, que nunca se interrumpe.
Angel Luis Fernández.
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